Cueva de las Maravillas
Localizada en el paraje Boca de Soco de la provincia de San Pedro de Macorís, República Dominicana,  la Cueva de las Maravillas contiene una de las mejores muestras del arte rupestre aborigen Taíno de la parte este de la isla de Santo Domingo o Hispaniola. De igual manera, exhibe una diversidad de concreciones suficientemente amplias como para tener una idea de todo lo que puede originarse dentro de una caverna en materia de formaciones secundarias: estalactitas, coladas, colgaduras, tours, pisolitas, columnas, etc.

La primera documentación sobre esta cueva (nombrada para ese entonces como cueva Jagual) fue realizada en octubre de 1949 por el profesor Francisco Richiez y un grupo de estudiantes y miembros del entonces Museo Nacional. En 1968, se realizó un estudio somero sobre sus manifestaciones rupestres a cargo del doctor Fernando Morb·n Laucer.

En 1972, se analizaron microscópicamente los componentes químicos de las pinturas. En 1977, se practicaron excavaciones en su interior dirigidas por el doctor Marcio Veloz Maggiolo. En 1984, una expedición italiana acompañada por espeleólogos dominicanos hizo su primera medición. En 1993, el especialista francés Alain Gilbert profundizo en el carácter funerario de las pinturas rupestres de la cueva. 

La cueva se abre en roca caliza arrecifal perteneciente a la unidad geomorfológica conocida como Llano Costero Sur oriental. En su formación geológica intervienen predominantemente las formaciones coralinas y los animales que conformaron ese ambiente durante el final del pleistoceno. Esta parte de la isla se estima que inició su aparición en la superficie hace aproximadamente cien mil años.

La Cueva de las Maravillas es parte de una enorme cadena de cuevas abiertas en todo el Llano Costero como resultado de la actividad hídrica subterránea: aguas que bajan subterráneamente hacia el mar desde la Cordillera Oriental y aguas que absorbe el llano debido a la característica porosa de su geología rústica.

Su recorrido lineal es de unos 800 metros, de los cuales se han habilitado unos 240 metros para uso turístico y educacional. La Cueva de las Maravillas cuenta con un elevador para permitir el acceso de personas con discapacidad físico-motora, problemas de sobrepeso, personas de edad avanzada y niños. Esto la convierte también en la primera Área protegida del país con habilitación especial para discapacitados. La mayor parte del espacio de la cueva había sido severamente alterado por la extracción comercial de murcielaguina (guano de murciélagos) durante los años 1950 y 1960, perdiéndose con esa alteración, valiosa información arqueológica y biológica. 

La cueva posee en su interior 472 pictografías (pinturas sobre las paredes) y 19 petroglifos (grabados sobre la roca), predominando el color negro en las pinturas, pero destacándose representaciones hechas en altorrelieve con arcilla roja. En el material utilizado para las pinturas se destaca la presencia de caolinita y haloisita, determinando su color negro la goethita

Las pictografías en su interior cuya edad se estima entre 800 y 500 años muestran los elementos más reciente de lo que fue la cultura Taína.

Entre las figuras representadas en la cueva, además de las humanas, encontramos lechuzas, murciélagos, iguanas y culebras, siendo las más comunes aquellas asociadas a ritos funerarios, como son la lechuza y el murciélago.

La fauna predominante en esta cueva es la de murciélagos. Otros animales más comunes en las cuevas tienen presencia en Maravillas: culebras (tres especies), diplópodos, centípedos, sapos, amblipígidos (arácnidos mutantes), arañas (varias especies), afisbéidos (lagartija sin patas) y otros no menos importantes. 


Pictografía Cueva de las Maravillas
Cueva de las Maravillas

Información para la excursión Cueva de las Maravillas



  • El recorrido por la Cueva de las Maravillas tiene una duración de alrededor 35 minutos, se hace con grupos de 20 o menos personas acompañadas por un guía. La cueva tiene en su interior un elevador lo que permite a personas mayores, discapacitados y niños descender a lo profundo de la cueva para hacer el paseo.
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